erteete




miércoles, octubre 18, 2006

El fin de la coherencia

La luz dibujaba sinuosas sombras en la pared. Los cuatro personajes reunidos en una casa sobre la calle Arsenio Erico, conversaban sobre la posibilidad de volver a lanzar a la calle el yacaré, semanario cultural gratuito destinado a péa que amóa. Corría el mes de mayo del año 2011.

“Nde, vo pio decí que vale la pena, masiado tiempo ningó ya pasó. ¿Alguien pico se acuerda todavía?” Dijo uno de ellos. “Y sí, boludo, desde el último número ñembo edición especial, figuro en Inforconf. Ni mi cédula puedo sacar más”. “Y va venir pio el…” preguntó otro. “No sé boludo, hoy tenía que irse a presentar su película que hizo con el español ¿Cómo lo que se llamaba?”. “Todo sobre mi huevada” contestaron al unísono.

Mientras tanto, Asunción se preparaba para celebrar el segundo centenario de la independencia patria. En aquellos días, la intendenta Evanhy aseguraba que ese festejo sería recordado por mucho tiempo y que vendrían incluso delegaciones de Luque para asistir a la celebración. Diversos actos estaban programados, se esperaba la presencia de connotados artistas internacionales: Bronco, Mandingo, el nieto de Julio Iglesias y la hija de Fidel Castro habían confirmado su presencia. La mayor expectativa se centraba en la competencia anual que se hacía en esas fechas. Esta era una carrera en dónde se disputaban el premio un carrito contra un tranvía, la prensa lo llamaba “El desafío del pasado contra futuro”. El premio para los carriteros consistía en lograr la autorización especial para transitar libremente por las calles del privatizado microcentro asunceno.

De vuelta, a la reunión. “¿Cómo andáis tíohuevón?” El pequeño ser atravesó el umbral y se sentó en una de las sillas vacías, encendió un cigarrillo y se dispuso a escuchar a los demás integrantes del conciliábulo. “…Y no sobra nada, ¿de dónde vamo a conseguir guita? Mirá que un mes tenemos que aguantar y conseguir suscriptos otra vez. –dijo preocupado el diagramador– ¿Y no pensasteis tíohuevon en la financiación?” Una estruendosa carcajada respondió a la pregunta.

Mientras todos terminaban de carcajear, la puerta se abrió. Primero entró el hombre alto, de anteojos y mirada recia, luego entró la mujer baja, de anteojos y mirada recia, por último el niño…el niño. “Joystick, vení acá, sha te dije que no estires más la barbas de tu tío.” “Bueno, sha mami”. Se acomodaron y sin preguntar nada, comenzaron a escuchar las deliberaciones. El grupo estaba casi completo.

“¿Qué pio decidieron? La vez pasada un tipo que estaba durmiendo en la calle me preguntó cuándo lo que sale el yaca otra vez”, dijo el hombre alto de mirada recia y anteojo. “Y en eso estamos.” Le constestó uno y luego dirigiéndose a un extremo de la habitación gritó: ¡Nde, despertáte pues, estás durmiendo otra vez”. Sobresaltado, el hombre que dormía en la silla, se despertó. “Che ¿y si lo cobramos? A dos mil nomás, si un diario tipo popular está 7 mil ahora” dijo la mujer baja, de mirada etc. “No podemos ningó, por más que haya pasado cinco años, la gente todavía se acuerda que el yaca era gratis” entonces el hombre de mirada dijo: “¿Vieron que a Vyrorei le dieron un premio por la difusión de la identidad nacional? Encima le van a financiar por diez años su publicación”. Aquella noticia cayó como un balde lleno de hielo sobre el grupo.

“¿Y entonces tíohuevon, que haréis”. Preguntó ya saben quién. Mientras los demás integrantes buscaban la respuesta a esa pregunta, un temblor sacudió la habitación, echando algunas tazas de la mesa. «¡Hostias!, ¿qué pasái?» Preguntó sobresaltado el ser. “El tranvía es” le tranquilizaron. En ese mismo instante el hombre flaco, con giutarra al hombro, último integrante de aquel clan, llegó. “Fiíjense en su ojo, tiene cara de pelota tatá nde” comentó por lo bajo alguien. “Lo perro, les tengo la bomba, vamos a poder quitar el yaca otra vez”. Todos miraron asombrados y contuvieron la respiración.

“¡Joder, tíohuevón! ¿qué deciís?” “En serio les digo, hoy me pasaron un dato que es súper loo, ¡resurrección!” dijo el de la noticia bomba. “Hablá, hablá, contá todo” le espetó el hombre alto…etc. “Dale, venga huevón” apuró. “¿Se acuerdan que el Tira estiró la pata justo en esa semana que estábamos cerrando el último número? Bueno,después vino la pelea por la herencia entre su parentela, el padrino mante voi fue esa historia”. “Esperá un poco, ¿no era pio que ODD le comió toda la plata a Goli porque le quiso salvar a su club de la intermedia?, así co se dijo” preguntó el que se dormía en la silla.

“¡Nooo!, todo bola era eso. Dijeron nomás para que nadie sepa y no le coman la plata los otros. Yo sé qué pasó con la mosca del Rubio” acotó el hombre de la guitarra. “Hee, ¿y que pasó?” preguntaron al unísono los demás integrantes.
“¡La mosca está enterrada y yo sé dónde!” dijo el que decía tener la verdad.“¡Qué bolaaa!” “¡Aijuna con la lobuna!” “¡Hostias!” “Zzzzz” fue la respuesta en coro.
El asombro fue mayúsculo, entonces uno de ellos preguntó al hombre que tenía empañados los anteojos por la emoción y la humedad:“¿Y cómo vo sabés eso?”. Él contestó: “Muy loco es. Una vez me quedé trabajando hasta tarde, y de repente apareció un personaje que me dijo: A mí co me gustaba ese semanario, y quiero que salga otra vez, por eso yo te quiero dar esto. ¿Qué onda?, le dije. Me pasó un papel y cuando le iba a preguntar qué era eso, desapareció.” “¡Qué loco! ¿y qué lo que había” dijeron dos. “Esto” y sobre la mesa, entre colillas de cigarrillos, tazas de café vacías, revistas de diversa índole y el hombre que dormía sobre ella, desplegó el rollo de papel.

“Hey, parece un mapa” dijo el ilustrador “Y ahí al costado co dice mapa” apuntó el guitarrero. “Joystick, vení acá, sha nos vamos” dijo la mujer. “Vieron que ya podemos quitar el yaca de vuelta, pero tenemos que desenterrar el tesoro. ¿Se animan?” todos dijeron “Mmjhm”.

Luego de mucho deliberar, la búsqueda quedó para el 13 de ese mes a las 23 horas.

Plaza del barrio San Pablo. 13 de mayo del 2011.
“Que bueno chera’a, si quitamos otra vez el yaca, ya no voy a estar los viernes diagramando los libros de mi hija”. El ilustrador lo miró y dijo: “¿Te acordás esos primeros seis meses sin el yaca?, íbamos todos los viernes a tu casa porque estabas deprimido. Diagramaaabas los números viejos”. Mientras caminaban uno de ellos dijo: “Nde, mirá si llegamos y le encontramos a Riera ahí”. “No, tranquilo nomás, está en Tacumbu ko ése.” Dijo otro.

El hombre que nunca se separaba de su guitarra los esperaba. El pequeño ser preguntó: “¿Y dónde buscaremos?”, a lo que el pariente de Charly respondió: “Tranquilo, ya está too”. Lanzó un silbido y enseguida la figura conocida se hizo presente.

“¡Densooo!” dijeron todos. ¿Desde cuándo pio este perro busca plata yvyvguy?” preguntaron tres. “Desde que se le perdió la billetera al Cuervo, chavales” dijo el trasandino.

Guiados por el perro y el mapa, con pala al hombro, media docena de ñoños y el pundonor que los caracterizaba, siguieron las indicaciones: Quince pasos desde la estatua de Dani Da Rosa, doblar a la izquierda y llegar hasta el árbol de mango, frente a la puerta de la farmacia, hoja del medio, de ahí caminar 33 pasos de mitã’i de ocho años hasta que la sombra del altar al rubio dé en la figura del hombre más alto. Cavar despacito”.

El perro se detuvo y ladrando comenzó a cavar, el ilustrador preguntó al transgallego: “¿Le diste pio de comer hoy?” “Joder, claro que sí”, respondió.
Pasaban las horas y continuaban cavando. Cuando llegaron al último sorbo del último ñoño de la cuarta vuelta, se oyó la pala chocar contra un sonido metálico. Alborozados y entusiastas ayudaron al cavador a seguir desenterrando. La mole de hierro se hacía más grande hasta que descubrieron lo que había ahí: un enorme container, que en su interior guardaba quizás el tesoro más grande jamás encontrado. Nadie dijo nada y el eco solitario de la puerta abierta cruzó la noche. Abrieron el contenedor y se aprestaron a ser eternos.

Miles de jeringas usadas, frascos de medicamentos vencidos, y la diversidad más diversa, la basura patológica que el gobierno jamás destruyó y que había mantenido oculta durante todos esos años. Escarbando un poco entre los peligrosos residuos estaban los secretos mejor guardados: el cadáver momificado del tembélo, acompañado de un muñeco tamaño natural de Mario Abdo; el video inédito del gol del Peque Benítez contra Ecuador en las eliminatorias para el 98; y, por último, el Rolex robado en el Congreso al uruguayo Lacalle Herrera.

Luego del pirí generalizado, y de otros seis ñoños para meditar, el de mirada recia propuso una solución; los demás, entre el pira kutu, asintieron.

Y desde aquel momento, el semanario cultural gratuito destinado a péa que amóa, El Yacaré, volvió a editarse cada semana en sus oficinas del container ubicado en la Plaza Italia. Mientras en Casa Rosada, una momia, un muñeco tamaño natural y un Rolex siguen esperando algún comprador.

Elbo E. Mio
Saludos a mi mamá, a mi papá que no le conozco y jajetopáta tapepo’ípe.


PD.: Millón gracias Capitana.