¿Y vos con qué armas cargás?

Calor calor calor estirando la o de esa palabra que agobia mi cabeza. Febrero en el gran Chaco. Resignada, preparo la sexta jarra de tereré del día, poso mis partes más carnosas sobre la silla, acomodo los anteojos que se resbalan por mi nariz recordándome que nada tienen que ver con esquíes o nieve o frío. Allí está ese montón de hojas esperando que yo termine los detalles previos al ritual. Las clases en la facultad aún no comienzan, pero sí los exámenes finales para quienes aún no nos adaptamos óptimamente a los tiempos –ni a los de la universidad, ni a otros más generales tales como ¿los de la época?
Decía que sobre la mesa me esperan los Fundamentos de Ciencias Políticas que debo engullir en unos cuantos días de estudio constante. Y este es justo el momento de quiebre en el que ustedes me van a permitir (y quizás también se lo permitan a ustedes mismos) sorprenderme ante las pequeñas definiciones de la vida. Resulta ser que recién a los 22 años vengo a enterarme gracias a un tal Norberto Bobbio (Diccionario de Política, siglo XXI, México 1981) que el Poder, entendido como los medios de los que se sirve un sujeto para condicionar el comportamiento de otro, puede clasificarse en tres grandes clases: Poder Económico, Poder Ideológico y Poder Político.
Pues entonces, tereré de por medio, no sea que se me deshidrate el cerebro, me sumerjo en las definiciones. Dice Bobbio que el Poder Económico es aquel que utiliza la posesión de ciertos bienes, necesarios o supuestos tales, en una situación de escasez, para inducir a aquellos que no los poseen a tener una cierta conducta, que consiste principalmente en la ejecución de un cierto trabajo. Me trago un sorbo de golpe y voy corriendo a lo de mi vecina Eugenia para advertirle que ese nuevo celular con cámara de fotos en realidad no es una necesidad vital (ya sabía yo que había que desconfiarle a la publicidad) sino que es probable que alguien le esté haciendo creer eso para convencerla de que no se queje por las 10 horas que se pasa en la oficina y que le permiten comprarse el telefonito en comodísimas cuotas; con grandes intereses, eso sí. Revisemos palabra claves: necesarios o supuestos tales, una cierta conducta, ejecución de un cierto trabajo.
Subo otra vez las escaleras y ahora me toca ver qué onda con el Poder Ideológico, que se basa en la influencia que las ideas formuladas de cierta manera, emitidas en ciertas circunstancias por una persona investida de cierta autoridad, tienen sobre la conducta de los asociados. Los asociados, en una sociedad, somos todos, valga el subrayado. Y bueh, la verdad que en la nuestra no andan sobrando ni las ideas ni los seres dotados de autoridad (aunque ellos crean que sí). Lo que sí no faltan son esas que Bobbio llama circunstancias, porque otra vez la publicidad mete la cola y entonces, aunque pensemos que no, todos terminamos tragándonos algún sapo alguna vez…
Llegó la hora de ver qué nos depara el Poder Político. “Se basa en la posesión de los instrumentos a través de los cuales se ejerce la fuerza física (las armas de todo tipo y grado)”. Releo, trago tereré, releo, trago tereré. Parece que sí: leí bien no más. Y todo porque en algún momento la sociedad esta de la que somos parte decidió ser civilizada haciendo que cada uno renuncie al derecho de usar su propia fuerza para colocarla en manos de un solo cuerpo como pueden ser la Policía o el Ejército y que son los únicos autorizados a usar la fuerza (ver Hobbes). Situémonos: yo no me habría tomado tantos sorbos seguidos de haber leído esas líneas en un país como Suiza y no en uno de esta Latinoamérica que hiede a represión estatal.
¡Qué va! Me preparo otra jarra y a exprimir un poco el cerebro a ver qué sale de esta mezcla de infusión sabor manzana y las investigaciones de Bobbio, que antes de que yo naciera ya había consignado que las tres formas de poder instituyen y mantienen una sociedad de desiguales, es decir dividida entre ricos y pobres, conocedores e ignorantes, fuertes y débiles, y, genéricamente, entre superiores e inferiores. Pero además, Norbertito también creía que siempre se da una supremacía del poder político porque siempre hay grupos que permiten la desmonopolización del poder ideológico y del poder económico, pero no así del de la fuerza bruta.
Fue tratando de bajar a la altura de mis ojos eso que Bobbio enunció que me acordé de Brukman: emblema de las más de 400 fábricas recuperadas que hay en Argentina, emblema de que los trabajadores pueden hacerse cargo de la producción. Mientras que encontré un ejemplo de contrapoder político en la Bolivia del 2003, donde los aymaras se levantaron contra el proyecto de exportación de gas hacia Chile y obligaron a Lozada a escaparse hacia Miami. Forzaron a la clase dirigente a someter a referéndum la cuestión de la exportación del gas y la ley de hidrocarburos: por una vez, las trasnacionales del gas dependieron del voto popular. Un policía –sí, un policía- definió lo sucedido: “Los aymaras frenaron la tercera conquista de Bolivia”.
¿Pero, qué pasa con el contrapoder de las armas? Guerrilla. Nuestras tan descalificadas y duras guerrillas, porque eso de que ahora hay muchos que apoyan al subcomandante Marcos no es más que otro esnobismo de intelectualoides de bares. Esta es la parte del escrito en la que –discúlpeme mi estimado lector- yo sólo puedo pensar en tratar de hacerle entender al más católico y ¿diestro? de mis amigos que los pueblos tienen legítimo derecho a levantarse en armas, independientemente de que él esté de acuerdo con ello. Hagamos un 2 + 2 = 4. La sociedad civil nace por un pacto de confianza entre gobernados y gobernantes que deben representar los intereses de los primeros. En Latinoamérica, hace tiempo que la mayoría de los mandatarios sólo se preocupa por los intereses de ciertos sectores específicos de concentración económica. Es decir: el contrato se rompió, esto no es una sociedad civilizada y entonces el poder vuelve a la gente.
Así las cosas, sólo nos queda la opción de comenzar a hacernos cargo de nuestros asuntos –nuestros en plural. Recuperando fábricas, buscando con desesperación nuevos mecanismos de participación política, comenzando a investigar de qué se trata eso de empuñar las armas. Y que las armas no se entienda sólo como metralletas.
Rocío Navarro
hilditaeslanenamonstruo@yahoo.com.ar
P/d: salí airosa de mi examen.

0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Home